Dales Voz a Las Víctimas

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«LIBRE DE MINAS NO SIGNIFICA VÍCTIMA LIBRE»

Aquella mañana, Juan Sebastián Acosta se guardó una granada de mano en el bolsillo de su pantalón. La encontró casualmente mientras jugaba con sus amigos en una playa cerca del municipio de Puerto Asís (Putumayo, Colombia). Por supuesto, no tenía ni la menor idea de qué era aquel objeto y se lo llevó a su casa. Dos días después, manipulando el artefacto, le explotó entre las manos y murió casi en el acto en su habitación. Sólo tenía 15 años. Era miércoles, 25 de febrero de 2015, y para sus padres y hermanos ya nada en la vida es igual sin él y se lamentan de la falta de apoyo del Estado colombiano. Al día siguiente, en otro extremo del mundo, siete jóvenes saharauis y marroquíes saltaron por los aires cuando su coche pisó una mina cerca de la ciudad de Auserd, en el Sahara Occidental. Dos muertos, tres heridos graves y dos leves. Las vidas de los 5 supervivientes, sus familias y las de los fallecidos tampoco volverán a ser las que fueron nunca más.

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Qudratullah, afgano de 28 años, en el hospital de Kabul

Dice Qudratullah que «es prioritario limpiar y descontaminar los territorios tras una guerra, pero también hay que tomar conciencia de la necesidad de reducir las barreras sociales existentes, para que los sobrevivientes puedan ser miembros activos de la familia y la comunidad». Él lo sabe bien. A sus 28 años, hace poco más de un mes que ha perdido la pierna y la mano izquierda, cuando regresaba de hacer una compra en el mercado de alimentos de Paktika (Afganistán). Pensaba que su vida ya no tenía sentido. Cuenta que su familia tiene una percepción muy negativa de la discapacidad y conidera que él ya no puede ser de utilidad, ni será capaz de apoyar económicamente al sustento familiar. Este joven afgano era vendedor ambulante. Desde el hospital de emergencia de Kabul, donde se recupera de sus graves lesiones, se devana los sesos pensando qué hacer, cómo cambiar esa mentalidad que le condena sin más a ser un «inútil» para siempre, porque no es como él se siente, ni refleja sus ansias por alcanzar una vida lo más normal posible, con la ayuda de unas prótesis ortopédicas que espera con ilusión. «Volveré a Paktika, aprenderé sastrería para montar mi propio negocio y así me podré ocupar de mantener a mi familia y a mí mismo», asegura Qudratullah

Las víctimas son la consecuencia provocada por las mentes ambiciosas e inhumanas de quienes aún utilizan minas. El Informe Monitor de Minas 2014 –publicado el pasado 26 de noviembre- denuncia que en el último año se ha producido un considerable incremento del uso de minas y artefactos explosivos improvisados activados por la propia víctima, que también están considerados por el Tratado como minas antipersonales. Hacía ya 9 años que no se reportaba un aumento tan considerable del uso de estas armas prohibidas por grupos armados no estatales, principalmente en diez países: Afganistán, Colombia, Irak, Libia, Myanmar, Pakistán, Siria, Túnez, Ucrania y Yemen. Esto implica más víctimas civiles, más muertos, más daños personales innecesarios. Certifica el Informe Monitor que en 2014 se registraron 3.678 nuevas víctimas, un 12% más que en 2013. Estamos en un índice de 10 víctimas diarias en el mundo. Y eso contando con que hay muchos países y territorios donde las circunstancias impiden llevar un registro exhaustivo de accidentes y víctimas, lo cual augura que esta cifra es bastante inferior a la real. Pero con todo y con eso, es sangrante pensar que se sigan usando, a sabiendas de que el riesgo permanece muchos años después de su colocación. El objetivo es descontaminar, no sembrar más peligro.

Se identificaron nuevas víctimas en 54 países y cuatro áreas en 2014, de los cuales 37 son Estados Parte de la Convención de Prohibición de Minas. En el 80% de los casos son civiles y de ellos, el 39% menores de edad. Las cifras le dejan a uno el cuerpo helado, pero más, si cabe, al saber que se determinan 11 territorios en máximo riesgo por contaminación masiva por minas antipersonal -definido por el Monitor en extensiones minadas de más de 100 Km2– . Uno de ellos es el Sáhara Occidental, donde hace ya 24 años que terminó la contienda bélica.

Por eso, la 14ª Reunión Anual de los Estados Parte del Tratado de Prohibición de Minas, celebrada del 30 de noviembre al 4 de diciembre en la sede europea de la ONU en Ginebra, ha dedicado una jornada a la celebración de una sesión de alto nivel sobre la asistencia a las víctimas. Allí, representantes de 99 países (entre ellos 10 que no son Parte) y más de un centenar de miembros de asociaciones escucharon los testimonios y las reivindicaciones de las víctimas. Sobrevivientes de Afganistán, Colombia, Tailandia, Mozambique y Uganda compartieron sus perspectivas sobre los desafíos que enfrentan diariamente las víctimas y qué medidas implementarían para avanzar en el camino para su plena integración socio-económica y laboral. Ellos recordaron a los asistentes que «libre de minas no significa víctima libre» y que es necesario y obligatorio asistir a las víctimas y a sus familias en todos los terrenos, con tratamientos médicos, psicológicos, políticas sociales, ayudas para acceso a prótesis y apoyo integral para su plena inserción en sus respectivas sociedades.

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En Dales Voz a Las Víctimas nos sumamos a la campaña emprendida por el Tratado de Prohibición de Minas, con la incorporación de los logotipos del «Compromiso para completar la limpieza de todos los territorios minados, para que no haya nuevas víctimas y con una asistencia sostenible para las ya existentes», porque sólo de la sensibilización social se puede lograr que ese sentimiento de «inutilidad» que acosaba injustamente a Qudratullah se revierta contra todos los que son manifiestamente incapaces de frenar esta sangría de inocentes y de asumir las consecuencias. Ya basta… Las víctimas siguen estando ahí, continúa aumentando su número y cada día necesitan más asistencia eficaz y eficiente. Aunque los gobiernos no las vean, no las quieran reconocer y las olviden, somos más los que no lo haremos.

© Elisa Pavón

Fotografías: ICBL

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