Dales Voz a Las Víctimas

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RAÍCES DE COHESIÓN PARA LA ACCIÓN CONTRA LAS MINAS EN EL SAHARA

17La vida ha sido muy severa con él, pero es una de esas personas que hace grande la frase que reza que el éxito no se mide por lo que uno logra, sino por los obstáculos que es capaz de superar. A los 24 años una mina le amputó por encima de la rodilla su pierna derecha y le causó innumerables lesiones en otras partes del cuerpo. Era un joven pastor saharaui, que seguía a su manada de camellos por un territorio en plena guerra, que jamás escuchó hablar de minas y que ignoraba que acechaban escondidas bajo la arena hasta que pisó una. Tenía infinidad de sueños a los que se negó a renunciar. «Siempre, desde el primer día, tuve en la mente la idea de demostrar a las personas válidas que yo no soy menos porque me falte una pierna, que puedo hacer lo que me echen», afirmaba Erdif Moulud Yeslem, allí sentado frente a mí, 35 años después de aquella fatídica tarde de diciembre de 1978.

Su máxima siempre ha sido que no hay nada imposible, nada que no podamos hacer, aunque en su caso pueda costar un poco más de tiempo. Se mostraba orgulloso de su casa, construida con sus propias manos con los recursos que le mandaban las familias de acogida de sus hijos cuando viajaban a España con el programa Vacaciones en Paz. En ella vive ahora sólo con su mujer y su hija, enferma gran dependiente con parálisis cerebral. Compartiendo té en su salón, hablamos de los cinco grandes pilares de la Acción Internacional contra las Minas. Su visión como víctima aporta a la teoría el valor añadido necesario para comprender, en toda su extensión, cuán importante es llevar a cabo una estrategia conjunta para optimizar los recursos que las organizaciones internacionales aportan para acometer esta batalla.

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«Lo más importante -asegura Erdif Moulud Yeslem- es hacer un trabajo conjunto de todos los saharauis para sensibilizar y concienciar sobre los riesgos de las minas, aunque es vital que el Frente Polisario concentre sus esfuerzos para desminar el territorio, señalizar los lugares de más alto riesgo y difundir al mundo que Marruecos construyó un muro lleno de campos de minas y que no firma el Tratado de Prohibición de Minas, por lo que está incumpliendo las responsabilidades que adquirió al haberlas usado contra mi pueblo”, asegura. De una tacada, Erdif dio en la diana de tres de las cinco grandes áreas de la Acción Internacional contra las Minas, que son la Educación sobre el Riesgo de las Minas (ERM), la defensa de los Tratados Internacionales, el desminado, la atención a las Víctimas y la destrucción de arsenales.

La primera, la Educación sobre el Riesgo de las Minas, engloba actividades dirigidas a reducir el número de accidentes a través de la promoción de un cambio de comportamiento en la población. En este caso, para enseñar a los refugiados saharauis y a los nómadas a actuar con precaución cuando se desplazan por zona de peligro en los territorios liberados y así evitar nuevas víctimas. «Una vez acudí a una manifestación frente al Muro con varias personas del Ministerio de Salud -recuerda Erdif-. Los jóvenes se mostraban nerviosos y desafiaban al peligro con una valentía malentendida. Tuvimos que calmarles e intentar que retrocedieran, pues se  estaban aproximando mucho a la valla que delimita el campo de minas, pero no escuchaban empujados por su rabia contra ese muro. Esto demuestra que muchos aún no conocen realmente el alcance de esta problemática, porque las minas están por todas partes». Conoce muy bien el territorio liberado, porque durante años fue conductor de una ambulancia, y sabe perfectamente que aconseja prudencia a su pueblo, que «actúen con precaución, paciencia y sin violencia, para que nadie más tenga que saber cuánto hay que luchar para reconstruirse mental y físicamente tras vivir en propia piel la explosión de una mina».  

Le pedía Erdif Moulud Yeslem al Frente Polisario que defienda la incorporación de Marruecos al Tratado Internacional de Prohibición de Minas y a la Convención de Municiones en Racimo, porque es consciente de que esta adhesión implicaría la inmediata disposición de apoyos internacionales para la remoción de minas, la atención integral a las víctimas y la destrucción de los arsenales. Lo que él no sabía es que el desminado requiere de una serie de trabajos previos que determinan las necesidades de recursos técnicos, tecnológicos y humanos necesarios para proceder a la descontaminación. Esto es lo que motiva realmente la urgencia de tal adhesión marroquí, porque no se puede emprender el desminado sin antes abordar la realización de encuestas a la población, cartografiar terrenos y elaborar mapas de las zonas de riesgo, con la identificación del tipo de artefactos explosivos que existen en cada lugar, y señalizar convenientemente las zonas peligrosas, aunque esto sólo tenga carácter disuasorio, porque el riesgo persiste hasta que se elimina.

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Trabajos de señalización disuasoria en territorio liberado. Foto: AOAV

Y es que hay que entender que el proceso de desminado, además, en el Sahara Occidental se complica doblemente. En la zona ocupada, y dado que Marruecos no ha firmado esos Tratados mencionados, es el propio ejército marroquí quien está procediendo a la «limpieza militar» del territorio, es decir, se han acogido a uno de los procesos previstos en la Acción Internacional Contra las Minas, que permite eliminar exclusivamente las que bloquean las vías que resultan estratégicas para los militares. Sin embargo, en los territorios liberados -y gracias a la adhesión del Frente Polisario al Geneva Call, tratado contra las minas específico para Territorios No Autónomos Pendientes de Descolonización- se descontamina mediante programas de «desminado humanitario», desarrollados con fondos multilaterales de la UNMAS (Agencia de las Naciones Unidas para la Acción contra las Minas) y por equipos profesionales de organizaciones internacionales especializadas en desminado manual y limpieza mecánica. El objetivo, en este caso, es limpiar completamente el territorio y verificar su seguridad para que los civiles puedan regresar a sus hogares y a sus rutinas diarias sin esa amenaza constante.

La conversación avanzaba seria y sosegada, a sabiendas de que éste es un asunto complejo, aunque a veces los ánimos se tornaban en espasmos de impotencia y de rabia, porque en momentos concretos las cuestiones emocionales impiden ver correctamente que las cosas no pueden ser como queremos. Reconozco que no podía quitarle ni un ápice de razón a Erdif en su demanda cuando entramos de lleno en el componente central de la Acción Internacional contra las Minas, que no es otro que la asistencia integral a las Víctimas. Ahí es donde él dejaba al descubierto sus emociones más profundas.

El Tratado de Prohibición de Minas obliga a los Estados Parte a satisfacer las necesidades inmediatas y a largo plazo de las víctimas y sus familias – incluyendo a todas las personas con discapacidad, independientemente de que sean o no víctimas de mina- y para ello dota a los Gobiernos -a través de programas concretos- de fondos específicos para instrumentar sistemas de registro y gestión, respuesta de emergencia y atención médica, rehabilitación física, apoyo psicosocial e inclusión social, así como obliga a la creación de políticas sociales que promuevan el trato afectivo, el cuidado y la protección de las víctimas y sus familias como una perspectiva de Derechos Humanos.

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Es en este momento cuando la mirada de Erdif me insistía en que tenía que comprenderle cuando me decía que «las tormentas hacen que los árboles echen raíces más fuertes», porque las víctimas no sólo son supervivientes de una explosión, sino de la nueva vida que se fragua tras ella. Erdif Moulud Yeslem siempre fue fiel a su deseo de no permitir que nadie le convirtiese en «diferente» por el hecho de tener una amputación tan severa. Enfrentó y fue superando uno a uno los distintos obstáculos, entre ellos la inmensa soledad. Por eso, fue maestro en la Media Luna Roja Saharaui y conductor de ambulancia por los territorios liberados, entre otras cosas, pero su sueño de dedicarse al comercio de mercancías se le rebelaba día tras día por falta de medios. A punto de cumplir los 60, se hizo realidad, al convertirse junto con otras 4 víctimas en beneficiario de una de las más de cien cooperativas puestas en marcha por ASAVIM para la incorporación socio-laboral de los supervivientes. Su tienda, abierta en la wilaya de Auserd, en los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf (Argelia), es la demostración de que sí se pueden alcanzar los sueños. Erdif se siente agradecido, aunque se lamenta de que «aún quede tanto por hacer por las víctimas, ya que más del 80% no gozan de este tipo de oportunidades».

Éste es el gran problema. La mayoría de las más de 1.500 víctimas que ASAVIM censó hace un par de años, no se están beneficiando -ni individual ni colectivamente- de los apoyos internacionales que se reciben en el Sahara Occidental para la Acción contra las Minas al Este del muro, que incluye los territorios liberados y la población en los campamentos de refugiados. No hay una política de acción concreta que determine las prioridades, ni marco legal, ni capacidades personales, técnicas y tecnológicas suficientes para llevarlas a cabo desde la Oficina Saharaui de Acción contra las Minas (SMACO). El triángulo muro-minas-víctimas es aún una asignatura pendiente para el Frente Polisario y para las organizaciones saharauis dependientes que se ocupan de esta acción al Este del Muro Marroquí en el Sahara Occidental.

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Hay que entender, todo hay que decirlo, que la situación de abandono en que se encuentran las víctimas saharauis de minas se asienta sobre un cúmulo de circunstancias sociales, económicas y políticas muy especiales, que afectan a la vida cotidiana de la población refugiada saharaui, aunque en el caso concreto de las víctimas, su estado de vulnerabilidad se haya agudizado por factores añadidos que escaparon del control gubernamental por muchos años, justificados sólo en la falta de experiencia en la gestión proyectos internacionales, que han impedido la optimización de los recursos.

Pero ya llegó la hora de que se produzca una reacción por parte de la Oficina Saharaui de Acción contra las Minas y de la Asociación de Víctimas ASAVIM -única entidad acreditada en los campamentos para desarrollar la actividad directa con las víctimas-, para acometer con garantías la parte que les corresponde de la Acción Internacional contra las Minas en el Sahara Occidental. Para 2015 UNMAS ha previsto un programa para 1 año más de 4.000.000 de dólares para actividades en territorios liberados y campamentos, financiado exclusivamente por el presupuesto ordinario de Naciones Unidas y que será desarrollado por las organizaciones internacionales especializadas que resulten adjudicatarias de los programas, como hasta ahora las británicas AOAV y Mine Tech International o la sudafricana Merchen, entre otras, que trabajan en colaboración con las entidades saharauis. Serán 3.036.000 dólares para equipos de desminado y liquidación de restos explosivos de guerra;  231.056 dólares para la creación de 5 equipos de Educación sobre Riesgos contra las Minas y 258.583 dólares para la acción contra las minas propiamente dicha. (Fuente: UNMAS, actualizado a Mayo 2015)

Pienso en las palabras de Erdif respecto a las fuertes raíces que desarrollan las víctimas y entendo el símil, porque aunque la raíz crece en sentido contrario a la planta, es la base indispensable para su desarrollo, absorbe los nutrientes y soporta su peso. Hay raíces, hay semillas sembradas y mucho trabajo por delante para hacer germinar por fin una Acción contra las Minas integral en el Sahara Occidental, aunque requiere de la creación de políticas específicas que cohesionen esfuerzos con sinergias y deshagan los monopolios, porque de no ser así, al final, los más perjudicados seguirán siendo los mismos de siempre, las Víctimas y sus familias, que son también quienes más merecen este compromiso por parte de todos.

© Elisa Pavón

Fotografías © Joaquín Tornero

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