Dales Voz a Las Víctimas

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MUJER SAHARAUI DE LA CABEZA A LOS PIES

Zaina Amay Bachir

Zaina Amay Bachir

Si duele hasta morir que te partan el corazón por amor, imagínate lo que debe ser que lo hagan por odio. Porque quien es capaz de poner minas -por mucho que utilice el manido argumento de que es por asegurar una zona para que no acceda el enemigo- es consciente de que el componente de odio está implícito en su acto, que el desprecio por la vida humana va grabado a sangre en cada una de las que coloca con sumo cuidado y que sus víctimas serán también personas que verán sus vidas rotas por la inquebrantable voluntad del poder más cobarde. Ya me lo decía Zaina Amay Bachir, “no hay mayor cobardía que una mina”. Y eso que ella es de las que tiene partido el corazón por el odio mordaz incontenido que se hizo visible en los primeros meses de la guerra del Sahara, cuando Marruecos invadía el territorio saharaui y la población huía despavorida en un éxodo perseguido por bombardeos de fósforo blanco y napalm.

A ella le llovieron las bombas del cielo mientras amamantaba a su hija Jadiyetu Fachal, de 2 años, en un improvisado campamento en la ciudad de Tifariti, en febrero de 1976. Allí el Frente Polisario concentró a la población saharaui para encaminarse hacia Tindouf, en Argelia, en un baldío territorio desértico donde podrían instalarse en el exilio como refugiados hasta concluir la contienda. Esperaban juntos cientos de personas, principalmente mujeres, niños y ancianos, todos ellos protagonistas improvisados de una película de terror impensable, argumentada en la inexpugnable decisión del rey marroquí Hassan II de recuperar el Sahara Occidental al amparo de un ilegítimo derecho territorial histórico y de un Acuerdo Tripartito rubricado en España, país que se ensuciaba así las manos con la sangre de muchos de sus ciudadanos de la que era su colonia sin descolonizar.

Zaina Amay Bachir y su hija Jadiyetu Fachal

Zaina Amay Bachir y su hija Jadiyetu Fachal

Cuenta Zaina que había mucha gente y que, apenas hubo comenzado el acto, el cielo se vistió de gris, con un ruido ensordecedor y cubrió de muerte y dolor aquella jaima repleta de inocentes.  “Sin que diera tiempo a decir siquiera unas palabras, vimos salir de las nubes aviones marroquíes, que lanzaron una lluvia de bombas contra nosotros. Era un atardecer, las seis de la tarde. En un momento, el desastre y aquello fue un infierno”, asegura Zaina que recuerda que murieron 26 saharauis, mientras otros muchos resultaron gravemente heridos. Conocía a algunos y no olvida ni una fracción de segundo de aquél instante en que ella misma resultó también herida junto a su hija Jadiyetu, de dos años, momento que tiene grabado en la retina… Una chica muy joven murió sobre la pierna de mi hija, que estaba protegida por mi cuerpo porque en ese momento estaba mamando. Vi a otra mujer morir por la explosión de una bomba mientras rezaba… Fue terrible.

Le cayó encima una bomba en racimo. Su cuerpo aminoró el impacto en el de su hija pequeña y, sin lugar a dudas, Zaina Amay Bachir se llevó la peor parte, aunque no precisamente por las innumerables heridas de metralla que tiene por todo el cuerpo, sino porque tuvo que ver morir a conocidos y a compatriotas mientras trataba de calmar el llanto desgarrado de su bebé, que resultó herida de gravedad en los ojos, las piernas y los pies, con severas quemaduras y metralla. Eso es, sin duda, que te rompan el corazón por odio. Pero encontró la manera de dar salida a ese sentimiento impotente y estéril que se apoderó de ella, porque minutos después, el Frente Polisario logró derribar dos de esos aviones, uno marroquí y otro francés, que habían bombardeado las vidas y los recuerdos de muchos saharauis. Exaltada Zaina, completa de orgullo y con una extraordinaria capacidad de poner en positivo los horrores vividos, contaba que “en ese momento fue como si no hubiera pasado nada, no teníamos heridas, ni muertos alrededor. Como siempre, el éxito del Frente Polisario superó con creces cualquier intento marroquí de vencernos”. Ella, como tantos otros saharauis, cosió allí mismo las heridas del alma con gritos de júbilo zurcidos con lágrimas agridulces, acumulando un millar de arrugas repentinas que encierran la esencia de aquel dolor mortal.

El tiempo pasa y la vida sigue. Ella dedicó tiempo y esfuerzo al cuidado de heridos, muchos amputados por explosiones de minas, y conoce bien sus tragedias durante y después del accidente. Ahora se enfrenta a otra gran batalla, pero ésta debe librarla contra un enemigo invisible: el cáncer. Sabe que lo tiene, pero no puede conocer el alcance de afección porque aún tiene por todo el cuerpo restos de metralla de aquella maldita bomba de racimo que por poco la mata. Metralla que imposibilita hacerle pruebas radiológicas diagnósticas necesarias para ayudarla a combatir el cáncer. Lucha, sigue luchando, repleta de esperanzas y con un sueño de ver crecer a sus nietos en su tierra libre, sin odios y en paz.

Para Zaina Amay Bachir va dirigido mi pedacito de tela de la campaña “Dales tu fuerza” de hoy. Porque se agarra a la vida, la agradece y la pelea. Sólo tiene dos palabras mi mensaje: Eres única. De la expresividad de sus ojos, de sus gestos y de su ejemplo aprendí a minimizar dolores que antes me parecían mortales. Impresionante mujer de la cabeza a los pies…

© Elisa Pavón

Fotografías © Ahmed Mohamed Mohamed Lamin

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2 comentarios

  1. […] Dales Voz a las Víctimas // Texto: Elisa Pavón / Fotos: Ahmed Mohamed Mohamed […]

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