Dales Voz a Las Víctimas

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COSAS DEL DESTINO

Leí un libro en México, Los maktubes del desierto, de Ahmed Mulay Ali. Me alumbró una parte de la historia que mantenía aún en la penumbra y ya no sólo no lo olvidaré, sino que lo tendré más que presente en este camino que continúa y en el que estamos, sin duda, por cosas del destino. Hoy, fecha en que se cumple un año de nuestro primer viaje de encuentro con  víctimas saharauis de minas terrestres y municiones en racimo, comprendo que los hilos de la vida están trenzados por el destino. La idiosincrasia del nómada saharaui, esencia pura de tradición, creencias y fe musulmana, me revelan que hay mucho mar de fondo en la lucha saharaui, por cuanto esa es realmente la cuestión fundamental, que hay que dimensionar las circunstancias del sufrimiento del pueblo saharaui desde el prisma de que ni siquiera 40 años de separación, de sacrificio y de resistencia han logrado mermar un ápice su dignidad ni su cultura. Y es buceando en esas raíces donde uno descubre, más allá de la Causa, a las personas. Vivir Dales Voz a Las Víctimas desde los adentros es un tren que el destino quiso que parase en mi puerta y al que me subí sin preguntar cómo sería ese mundo inmenso que entonces teníamos por descubrir y conocer. Un año después, siento que hemos crecido, porque aprendemos de la autenticidad de las personas que no nos esconden la profundidad de sus sentimientos.

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Mohamed Chaban, víctima de bomba en racimo en noviembre 2012.

Recuerdo aún cómo me caían las lágrimas escuchándole, mirándole sin que sus ojos enfocaran más allá del suelo. Sus tremendas amputaciones y heridas denotaban cuán brutal revés le deparó el destino y lo roto que tenía el cuerpo. Pero, al mismo tiempo, sus palabras se llenaban de esperanza y gracias a Dios para enfrentar una vida nueva que recién comenzaba a reinventar y en la que, desde aquel día, empezó a sentirse más protagonista. Ni para él ni para nosotros fue fácil aquel encuentro de nervios contenidos. Él llegó cabizbajo, con una sonrisa de medio lado que abría un hueco para que escapara la vergüenza. Joaquín, Ahmed y yo respirábamos profundo, casi al unísono, porque no en vano se hace muy duro saber que es tu primer encuentro con una víctima y que ahondar en sus heridas duele, pero nada más lejos de nuestra intención que abrir recuerdos para que les duelan. Escondía Mohamed Chaban en sus ropas las harapientas vendas que cubrían las secuelas del horror, mientras hablaba pausado. Sus silencios se hacían eternos, aunque llenos de contenidos entendibles y emocionantes. A sus 28 años, pastor nómada víctima de bomba de racimo en Omulukta, al Este del Muro Marroquí en el Sahara Occidental, nos acompañó en esta que fue nuestra primera inmersión en el océano de sentimientos de las víctimas saharauis del “muro de la vergüenza“.

1278310_10151626275948016_1707194018_nHace un año desde que el acogedor espacio de la tienda de una amiga nos sirvió de improvisado salón. Desde allí podía ver la explanada del campamento de Boujdour donde trabaja Mohamed, en la parada de taxis. Sus ojos se ocultaban de los míos, temerosos y avergonzados de contar su pesadilla. Los míos le pedían y le ofrecían ayuda, porque de alguna forma debíamos hacerle comprender que estábamos allí para que sus historias, las de las víctimas, sirvieran para evitar nuevos accidentes entre los civiles saharauis y para dar visibilidad internacional a una de las grandes tragedias de este conflicto. Como todo proceso, éste llevó su tiempo, pero cuando nuestras miradas se encontraron al fin, ambos sabíamos que en un trabajo conjunto, podríamos construir un puente en el desierto para las víctimas, sostenido con la denuncia contra el maldito muro, sus minas y todo lo que ello implica, porque es en sí mismo un crimen contra la Humanidad, una gigantesca obra de 2.740 km de arrogancia y maldad levantada por Marruecos en seis tramos, que divide el territorio y al pueblo saharaui en dos, rodeado por millones de minas y otros artefactos explosivos de guerra abandonados y activos.

No fue el único encuentro con Mohamed en aquel viaje, ni él la única víctima, aunque sí la primera. Miro hoy hacia atrás y sigo sonriendo, viendo cómo y cuánto va creciendo Dales Voz a Las Víctimas, sin prisa pero sin pausa. Reconforta recordar cuando, meses después, el destino quiso que me lo volviera a encontrar en Boujdour. Su sonrisa al verme fue casi tan grande como la mía. No podéis imaginar lo que supone hallar en ellos tanta paz, tanta ternura y tanto agradecimiento. Y, de verdad, que es un agradecimiento que no queremos, porque somos nosotros quienes debemos rendir pleitesía a todas y cada una de las víctimas que nos han abierto su corazón, con mayor o menor dificultad, rompiendo estereotipos, moviendo conciencias con sus palabras y regalándonos lo más preciado que tienen, su confianza. Me vi en las fotos, me leyeron lo que escribisteis de mí y quiero ayudar…, dijo en un hassania que tuvieron que traducirme sobre la marcha. ¿Cómo podría yo explicaros lo que sus ojos me dijeron esta vez?

SCBL 3 BrahimSabemos que esto no es una tarea fácil, en ningún sentido. La gente no quiere conocer tragedias, están demasiado absortos intentando solucionar el final de mes en casa. Los informativos ya nos inundan de desgracias, muertos, sangre y corruptos impunes que ningunean hasta nuestra paciencia. Pero todos tenemos corazón y alma. Por eso, quien lee sus testimonios, se para a observar cuanto hablan los ojos de cada una de las víctimas en una fotografía o, simplemente, nos escucha en este que se ha convertido en nuestro monotema, no permanece impasible. Y os diré la verdad. Estamos cansados de problemas externos, de la falta de complicidad con una iniciativa que no pretende nada más que lo que hace, que es presentarles, defenderles y tratar de conseguir que tengan el espacio que merecen y que ganaron a fuerza de ser víctimas de una sorda explosión que muy pocos escuchan y de las que casi nadie habla. Pero no desfallecemos. Ellos y ellas son nuestras almas, nuestro objetivo, y seguiremos dándoles la voz que no tenían, para reclamar alto y claro que existen, que son miles de saharauis víctimas de la injusticia humana, y no sólo me refiero a la injusticia marroquí, porque el silencio internacional que esconde su existencia y enmudece sus reivindicaciones también cuenta y daña más que la propia mina.

Hicimos una promesa y aquí seguimos, cumpliéndola. A pesar de todo, a pesar de algunos, una vez más el destino ha querido que, un año después, aquí estemos. Y queremos avanzar y construir ese puente que vislumbramos aquella mañana de abril con Mohamed, porque él y tant@s saharauis como él han conseguido que muchos de vosotros les hayáis descubierto. Ell@s hacen que no nos sintamos solos y que valga la pena cualquier esfuerzo. Y tú, que también estás, que haces posible que el megáfono de su voz llegue más lejos cada vez que te haces eco de lo que les ocurre. Ahora ya sabes que corren peligro en su tierra libre, siendo refugiados o nómadas. También en la zona que permanece bajo ocupación marroquí, allí casi me atrevo a decir que más aún… También allí son más invisibles.  Hoy quiero pedirle al destino que nos guarde fuerzas, que nos brinde la oportunidad de continuar para lograr entre todos, ojalá, mayor unidad, para que incrementemos el alcance y la eficacia del mensaje de denuncia contra el Muro Marroquí en el Sahara Occidental en toda su extensión.

© Elisa Pavón

Fotografías © Joaquín Tornero

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