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“PARA MÍ, EL CAMELLO SE HA CONVERTIDO EN LA ANTÍTESIS DE UNA MINA TERRESTRE”

CERCAGUERAParecía un cementerio de guerra. Escenario perfecto para una película de Steven Spielberg, me dice. Los restos abandonados evidenciaban cruentas batallas pasadas, muerte y desolación en pleno desierto. A poco menos de 800 metros, el océano Atlántico, pero no pudieron alcanzarlo. Es la metáfora del espacio infinito, el desierto del que no se puede salir, asegura invadido momentáneamente por la tristeza Samir Abujamra, cineasta y actor brasileño, superviviente de la explosión de una mina antitanque en La Güera, Sáhara Occidental, a finales del pasado mes de enero. Cuenta cómo se palpaba la tensión. Incapaz de grabar, aun con la cámara encima, Samir miraba a su alrededor tratando de entender cómo es posible no haber sabido nada de este conflicto olvidado antes. El coche de la escolta iba delante del suyo. Samir, en el asiento del copiloto por sus dolores de espalda continuados y quizá acrecentados por el largo viaje, contenía el aliento ante las imágenes del desasosiego que produce el silencio cuando sientes que te mira y cómo te engulle el fantasma de un pasado que se hace visible en cada proyectil perdido o en cada vehículo destrozado carcomido por el tiempo, el aire y la arena.

Tito González y Ahmed Mohamed Lamin

Tito González y Ahmed Mohamed Lamin

Samir Abujamra viajaba en aquel 4×4 con Tito González García, con nuestro compañero Ahmed Mohamed Lamin “Chino”, ambos cineastas, y con el conductor Jatri. Muchos días llevaban ya acumulados de experiencia incomparable y aventura compartida en los territorios liberados del Sáhara Occidental, rodando secuencias para su producción “El desierto del desierto”, película en la que narran el drama humano que padece el pueblo saharaui a consecuencia de la invasión de su territorio en 1975 a manos de las fuerzas militares marroquíes. Habían recorrido 1.500 kilómetros por el desierto de polvo, arena, piedras y viento… Atardeceres y amaneceres jamás soñados e imposibles de olvidar, días de sol y días de siroco. Días en el que los encuentros con pastores nómadas o vida animal enriquecían cada momento, devolviendo siempre la imagen más bucólica y hermosa que uno puede imaginar si piensa en el desierto. Pero todo ello se desvaneció en un momento, sin apenas darse cuenta.

GAFASUn estallido, que alarmó más fuera que dentro de su vehículo, seguido de un tupido humo negro hacían presagiar una tragedia. Mis gafas salieron volando, la cámara no sé dónde fue… No sabía qué ocurría, el cuerpo reaccionó solo y bajé confuso, comenta Samir con gestos nerviosos que me auguran que aquel no fue el peor momento.  Sentimos la tensión estallar, no había miedo real en ese momento, sólo confusión. Miré a Tito, le vi llevándose la mano a su oído y le pregunté ¿estás bien? Cuando respondió que sí, le miré diciendo ¿y yo… estoy bien? No hubo tiempo para charlas al escuchar los gritos desesperados de las personas que viajaban en el vehículo de la escolta. Sus rostros denotaban terror y sus gestos impacientes y nerviosos les hacían aterrizar en la realidad. ¡No os mováis, no os mováis, es un campo de minas! Ahí sí que les invadió el miedo, conscientes de que cada paso sobre seguro sería una posibilidad regalada más de vida. Llevaba mi iPhone -continua relatado Samiry me puse a grabar mis pies caminando muy lentamente sobre las rodadas que dejó tras de sí el paso del coche de la escolta. Te sientes de verdad en tierra de nadie, vendido a merced del destino, sin saber el alcance real del peligro que te amenaza. 

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Samir Abujamra

Le veo los ojos y puedo leer en ellos toda una mezcla de sensaciones encontradas. A toro pasado, su mirada desprende la tranquilidad de saberse ya seguro, pero, al mismo tiempo, se ilumina con el reflejo de aquel momento que se le hizo eterno, en el que el miedo se juntó con el valor de dar cada uno de esos paso, con la incertidumbre de pisar sin respirar, con la mente ocupada en pensamientos que deseaba que le acompañasen y con los ojos mirando la posición de sus amigos, en la misma situación que él. Un escalofrío le recorrió hasta el alma al escuchar cómo, dando Gracias a Dios, cuantos habían presenciado la escena se congratulaban porque estaban vivos. Experimentados guías en aquel terreno infernal que apenas daban crédito a lo vivido. Jamás hemos visto que todos los ocupantes de un vehículo que pisa una mina antitanque hayan sobrevivido. La palabra milagro resulta realmente corta en significado para tamaña acción del destino.     

PASOSSe mascó una tragedia que no se produjo. En silencio, respirando azorados, haciendo balance de daños personales y del equipo, regresaban lentamente hacia posición segura. Cuando vi el primer camello, me sentí a salvo. Ahora -asegura Samir Abujamra, para mí el camello se ha convertido en la antítesis de una mina terrestre. Cuantos más camellos fuimos viendo, mayor era mi sensación de haber regresado al lado vivo, bucólico y hermoso del desierto. Sólo en ese momento recuperé el aliento y la seguridad de que ya había pasado. Ni aún de vuelta en los campamentos de refugiados de Tinduf olvidaba del todo. Experimenté sensaciones únicas -confiesa estremecido-, no puedes imaginar… Tenía miedo de caminar por la arena, incluso sabiendo que en los campamentos no hay minas.

DROMEDARIOSEsta es la grandeza de las cosas del destino. Hoy estamos aquí y mañana, ¿quién sabe? Por eso, cobran ahora vida los sueños de Samir, todos aquellos pensamientos que de manera aislada le fueron asaltando durante los días que duró el viaje, pero que, tras sobrevivir a una mina antitanque, han reforzado su valor como experiencia vital única. He viajado mucho a lo largo de mi vida, he conocido pueblos y he vivido experiencias de todo tipo, pero después de conocer este desierto, al pueblo saharaui y convivir con ellos, ya no soy el mismo hombre, reconoce el cineasta brasileño. Es imposible no cambiar después de esto y, por ello, ahora quiero escribir un diario de viaje y acompañarlo con las fotografías que hice. Sobrevivir a la mina ha sido para mí vivir una epifanía.

MUROABERTORecupera lentamente el aliento, dejando atrás el subidón de adrenalina y los nervios vividos, y nos concentramos en “El desierto del desierto”. Samir Abujamra se considera a sí mismo un humanista, porque me gusta la gente, dice. Quiero conocer cómo surgió este proyecto de hacer una película sobre el pueblo saharaui, cómo combina esfuerzos con otro cineasta de distinta nacionalidad y qué le impulsó a llevarla a cabo. Así, me cuenta que hace seis meses no sabía nada del Sáhara Occidental. Una vida de viajes y mundo, grabaciones y conocimientos, que no le hicieron referencia alguna a este espacio del mundo que vive la injusticia de un conflicto político que no se resuelve y que mantienen desde hace 40 años a todo un pueblo dividido, sufriendo la represión o el exilio y muriendo lentamente entre olvido y silencio internacional. Estando en Lanzarote (Islas Canarias), Samir reparó en que a sólo 100km de la costa el océano Atlántico vertía sus aguas en las playas del Sáhara Occidental. No había escuchado hablar de ese país, no sabía nada de él. Tampoco hubo señales que le hicieran profundizar o querer averiguar. Pasó el tiempo y un día de agosto en París, en casa de su amigo Tito González, compartió tarde de vídeo sobre el último trabajo realizado por el cineasta franco-chileno, que mostraba  sus imágenes con el entusiasmo de quien ha descubierto El Dorado. Era un documental sobre la celebración del 40 aniversario de la creación del Frente Polisario. Samir se topó de frente con una realidad que le parecía insólita a la vez que tremenda.

Sensibilizado ya con la causa saharaui, puso un anuncio en Facebook para conseguir fondos privados para hacer una película sobre la situación que vive el pueblo saharaui. Por alguna razón hay proyectos formidables que arrancan tras mucho esfuerzo y desgaste, mientras que hay otros a los que parecen venirle las cosas rodadas, como a este. Fue fácil -comenta Samir Abujamra. En agosto estábamos pensando y en enero, filmando. Conseguimos plata, el apoyo del Frente Polisario en cuanto a permisos y logística para poder llegar donde hasta ahora ningún otro extranjero había podido llegar desde el Alto el Fuego de 1991. Allí, en La Güera, donde explotó la mina, tras un recorrido de 1.500 km de increíbles vivencias y experiencias.

El desierto del desierto” les dio mucho que hablar a los dos cineastas. En el guión inicial se planteaba una imagen bucólica que ponía en cuestión el título, porque pretender incorporar imagen del mar al final del desierto, en el Sáhara Occidental, resulta cuando menos contradictorio, puesto que abre una salida que ciertamente no existe hoy en día. Tras la explosión de la mina -explica Samir Abujamra, el título cobra sentido. Yo había soñado con una imagen del desierto desembocando en el mar, con un barco abandonado… Pero ahora, al llegar al extremo del muro, a escasos 800 metros del mar, nos dimos cuentan de que no hay salida, de que no se puede salir del desierto. Las fronteras impuestas por la ocupación marroquí se evidencian allí físicamente por el final del muro, que redobla su protección con una ingente cantidad de restos explosivos de guerra abundan abandonados sobre la arena.

Después de lo ocurrido, es probable que ningún otro extranjero tenga oportunidad de regresar a esa zona. Por eso, esperamos que esta película lleve muy lejos el mensaje del pueblo saharaui y sensibilice sobre el muro, el peligro de las minas y sobre las víctimas que origina. Su deseo es también el nuestro. Inchallah.

©Elisa Pavón

©Fotografías: Samir Abujamra

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