Dales Voz a Las Víctimas

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MINAS TERRESTRES QUE ENERVAN Y RALENTIZAN

Foto cedida por ASAVIM

Foto cedida por ASAVIM

Cuando se piensa en minas terrestres, la mente redirige los pensamientos a imágenes que lejos de dar pena, enervan el alma. Quizá lo terrible de ellas -y de los demás restos explosivos de guerra- es que atacan por sorpresa y con absoluta cobardía a sus víctimas. Poner nombre y apellidos a todas esas personas que han sufrido en su propia piel las durísimas consecuencias de las explosiones, llamadas accidentes, contribuye a que nuestra mente se amolde a visualizar con mayor exactitud no ya la sangre y el lamento de la tragedia, sino cuán enorme es a la postre su dimensión. El territorio saharaui es un campo de cultivo abonado con escombros de chatarrería bélica, activos y escondidos.

Pero si ya de por sí es terrible el drama generado a nivel personal por los efectos de estos accidentes con minas u otros artefactos, es importante que se dimensione también el impacto producido sobre la economía familiar de las víctimas. La amputación salvaje de miembros del cuerpo impide posteriormente la reincorporación de los afectados a su vida socio-laboral; les coarta su libertad de movimiento y actuación; les limita su relación con su entorno, porque la magnitud de su tragedia personal sólo la conocen ellos. Si ya es brutal para cuantos han de vivir con sus discapacidades en los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf, en Argelia, en pleno desierto, no lo es menos para los pastores nómadas saharauis, tanto de la parte ocupada o la zona liberada del Sáhara Occidental.

El muro marroquí, construido entre 1980 y 1987, se diseñó para intentar anular cualquier opción de vida en la zona controlada por el Frente Polisario. Fácil y macabro plan al mismo tiempo. A lo largo de sus 2.740 km, en sus seis tramos levantados, el muro marroquí en el Sáhara Occidental divide el territorio, al pueblo saharaui en dos mitades, pero también condena los pozos y concentra reservas de agua a una de ellas, a la zona ocupada. Por eso, los mejores pastos están en ambas laderas del muro. Allí van los animales en busca de agua y alimento, sin saber obviamente que los campos de minas que bordean y custodian la aberrante berma divisoria suponen para ellos también una grave amenaza. Se cuentan por miles los animales que mueren y resultan heridos por efecto de las explosiones de minas. Esos dromedarios o cabras forman parte de  rebaños que son el sustento de familias completas. Sus muertes son la lenta ruina de las víctimas y, lamentablemente, un camino directo hacia la hambruna. Macabro plan decía…

Más efectos, más consecuencias del cobarde, miserable e ilegal muro de la vergüenza marroquí, que queriendo entrañar odio y rebelión a través de la muerte y mutilación de inocentes, sólo consigue aminorar el ritmo con que algunos saharauis pueden continuar caminando en su lucha y elevando sus voces para que el mundo despierte y exija su desmantelación y la limpieza de todos sus campos de minas. Ralentiza porque mina voluntades, cuerpos, rebaños y economías familiares, pero no impide que el pueblo saharaui al completo, les arrope y les dé las fuerzas arrebatadas para que la lucha saharaui continúe hasta la libertad.

© Elisa Pavón

 

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3 comentarios

  1. Daha Bulahi dice:

    no se que decir pero eres fantástica siempre llegas antes , llegas a nuestros mentes y escribes exactament
    e lo que sentimos

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