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20 AÑOS POR DELANTE PARA DESMINAR EL SÁHARA OCCIDENTAL

Mañana tendremos los nuevos datos, los correspondientes a 2012, cuando se presente el “Informe Monitor de Municiones en Racimo 2013”, que proporciona información sobre las consecuencias humanitarias y de desarrollo de las minas terrestres, las municiones en racimo y los restos explosivos de guerra (REG). Una iniciativa de la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Terrestres (ICBL), creada en 1998, que se ha convertido de facto en un sistema  de supervisión -independiente e imparcial- y de seguimiento del cumplimiento de los principios recogidos en el Tratado de Prohibición de Minas y en la Convención sobre Municiones en Racimo. Si bien los principales destinatarios del Informe Monitor son los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales internacionales, los medios de comunicación, académicos y el público en general, lo cierto es que el llamado “Monitor” cumple con la difícil misión de velar por la seguridad de los ciudadanos del mundo, ejerciendo una labor de vigilancia permanente tanto sobre los países firmantes de dichos acuerdos como sobre los que aún no se han adherido.

772px-Western_sahara_walls_moroccan_map-es.svgEn el Informe Monitor emitido el año pasado en el apartado referido específicamente al Sáhara Occidental, los datos queman, abrasan. Un baile de cifras que dimensiona y revela el trasfondo de cuanto supone la existencia de este arsenal olvidado en el desierto, al tiempo que  pone de manifiesto cuán difícil, costosa y peligrosa es la labor de despejar las zonas contaminadas de minas terrestres, bombas de racimo y restos explosivos de municiones bélicas. De toda esta recopilación de datos precisos, me quedo sin duda con uno: 10,5 km2 despejados, es decir, limpios de artefactos explosivos, tras un concienzudo, laborioso y arriesgado trabajo de desminado llevado a cabo a lo largo del año 2011.

Imagínate. Una extensión de territorio total, entre la zona ocupada por Marruecos y la liberada controlada por el Frente Polisario, de unos 282.000 km2, divididos por el Muro Marroquí en el Sáhara Occidental, construido por Marruecos entre 1980 y 1987 en 6 tramos, con 2.740 km de longitud. Las tropas marroquíes pusieron minas antipersonal y anticarro en y alrededor del conocido como muro de la vergüenza. Según expone el Informe Monitor en el apartado sobre contaminación e impacto, para la organización AOAV, el Sáhara Occidental es uno de los territorios más contaminados por minas del mundo. Sólo en el lado Este del muro (territorios liberados) AOAV ha identificado un total de 38 campos de minas, con una superficie aproximada de 134 km2 minados. Uno de los datos más terribles que arroja este informe en este sentido es que, en base a información disponible, a los recursos y a la capacidad existente en este momento, AOAV considera que serán necesarios 20 años de trabajo para lograr un territorio libre de minas.

10,5 km2 desminados en un año. Esto da una idea más que traslúcida de la extremada complicación que supone limpiar terreno de esas minas asesinas y del resto de municiones bélicas y en racimo que se esconden bajo la arena, que se mueven por efecto del agua y la erosión y que aparecen por sorpresa para seguir siendo la mayor amenaza para los civiles saharauis y sus rebaños de animales, su medio de vida. Sólo se realizan de tareas de desminado en los territorios liberados de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), porque el conflicto político sirve de argumento y parapeto a Marruecos para mantener su postura de no querer adherirse a los convenios internacionales contra las minas y las municiones en racimo. Sin su postura favorable, no se puede llevar a cabo una intervención directa para desminar los territorios ocupados del Sáhara Occidental, ni la zona de protección alrededor del muro, a ambos lados de la berma.

Por ello, gracias a los trabajos de limpieza manual llevados a cabo por personal saharaui, bajo la supervisión de entidades internacionales especializadas como AOAV, ICBL o APN, poco a poco se van despejando zonas donde se libraron combates durante los 16 años de guerra (1975-1991), se aclaran terrenos contaminados por municiones en racimo y se van destruyendo las municiones bélicas encontradas (3.891 artefactos explosivos diferentes en 2011)…  Alto riesgo medido hasta el más mínimo detalle en los manuales de procedimientos operativos de AOAV, consensuados por un Memorándum de Entendimiento con la MINURSO y con el Frente Polisario, y bajo el auspicio de un contrato de trabajo establecido con el Servicio de Acción contra las Minas de las Naciones Unidas. Elevado coste económico y humano (1 víctima mortal entre el personal de AOAV en 2011) para el escaso tiempo que supone sembrar un territorio de minas.

Y las víctimas que provocan anualmente las minas y las municiones en racimo cuentan con un capítulo completo en este informe, no sólo por cuanto se refiere a la denuncia de los casos de accidente que se conocen y documentan, sino que refleja la realidad en lo que afecta a la asistencia y la atención directa a las víctimas y a los problemas socio-laborales y familiares derivados de las lesiones que les producen, poniendo de relieve la urgencia de ampliar los programas humanitarios dirigidos a las víctimas y a sus familias.

Identifica el informe que en 2011 hubo 11 víctimas (2 muertos y 9 heridos, 6 de ellos por explosiones de artefactos desconocidos). Si bien supone una disminución significativa con respecto a los 25 que se produjeron el año anterior, lo cierto es que los datos sobre accidentes por minas u otros artefactos explosivos no son exhaustivos y, por lo tanto, resultan insuficientes para poder determinar con certeza claras tendencias sobre víctimas. Esta es la peor parte… No saber realmente cuántos accidentes ocurren, no poder computar los muertos, heridos y afectados saharauis en explosiones ocurridas en los territorios ocupados, no tener recursos para brindarles una asistencia acorde con sus necesidades…

Mañana, nuevos datos. Habrá que contarlos, difundirlos, porque es la única forma de que se conozca esta realidad, de que la comunidad internacional dimensione la magnitud del problema correctamente, a través de las conclusiones extraídas por organizaciones acreditadas y con gran reconocimiento internacional.

© Elisa Pavón

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