Dales Voz a Las Víctimas

Inicio » Uncategorized » CARTA DE PEPE OROPESA A LAS VÍCTIMAS SAHARAUIS DE MINAS

CARTA DE PEPE OROPESA A LAS VÍCTIMAS SAHARAUIS DE MINAS

Más allá de los que se sienten ganadores o derrotados, de los mártires, de los traidores, de los vivos o muertos, la guerra deja una triste senda llamada olvido. Al olvido en el Sáhara Occidental le pusieron, y tristemente aún ponen, nombre los mutilados por minas anti personas, no sólo en los años de combate directo entre 1975 y 1991, sino por las minas aún existentes en torno al muro de que divide actualmente a dicho país y su población de norte a sur ante el silencio y nula acción internacional por evitarlo.

Unos luchando por un sentimiento, una idea, una convicción, por el honor de aquel hermano que poco antes había perdido la vida junto a él, o por el recuerdo de una hermana que nunca llegaron a conocer, vieron cercenadas sus vidas por siempre a causa de una mina terrestre. Otros mientras intentaban alcanzar aquella estrella Polisaria, sinónimo de libertad y de la que le habían hablado desde pequeño, en el desierto de Argelia y así poder escapar de las garras de Marruecos en los territorios ocupados del Sáhara Occidental. Incluso los hay que sufrieron sus consecuencias cuando llevados por la desesperación de la interminable espera del conflicto, decidieron retar las más que posibles opciones de que una de ellas estallase y anduvieron hacia el denominado “Muro de la Vergüenza” para así dejar constancia a los soldados marroquíes allí presentes que los saharauis nunca se rendirían.

Pero ninguno de ellos era consciente de que caería en el fondo de un saco roto. Un saco roto llamado Sáhara Occidental y en el que fueron cayendo muchos que se perdieron por el camino. Ellos directamente se vieron abocados a un final adelantado. A un abandono casi generalizado en el que no encontraron el apoyo necesario para salir del pozo que significa ser mutilado en el desierto de los desiertos. Periodistas que nos olvidamos de ellos por no ser la historia más jugosa, asociaciones que no les vieron como el mejor reclamo, organizaciones que les vieron como un mal menor, gobiernos que no creyeron que fuesen la mejor foto con la que volver tras un viaje a un mal entendido lugar idílico.

“Al principio quería morir, me preguntaba el motivo por el que aquella mina no había completado su trabajo y así llevarme junto a tantos otros compañeros a los que vi partir. Tras tantos años he comprendido que aquella mina sí completó su trabajo. Aquella mina me quería así, consumiéndome psicológicamente al doble de velocidad que por fuera. Minar la moral de una población es más eficiente que eliminar a sus sujetos pues no conlleva el efecto directo de querer venganza por ello. Nadie luchará porque perdí una pierna o una mano. Tampoco quiero que lo hagan, pero sí que huelo el miedo, e incluso desprecio a veces, por convertirse ellos en alguien como yo. Pero no estará en sus manos el serlo o no, sino que un día, mientras incluso sonríen, verán una parte de su cuerpo, si no la vida completa, adelantarles por la derecha. Ahí se pondrán en mi piel sin importar edad o sexo. Nadie les preguntarán si quieren o no. Directamente sentirán los efectos de ser los más olvidados en la tierra del olvido, sentirán el peso del tiempo mientras maldicen los motivos por los que aquella mina no completó su trabajo, y sólo, tras muchos años con ese sentimiento, comprenderán por fin que sí lo completó y que convertirse en un olvidado más de esta nuestra historia era el trabajo de aquella mina”.

Dedicar desde aquí mis palabras de apoyo a todos aquellos saharauis que sufrieron los efectos de un enemigo tan terrible como es una mina terrestre. A los que supieron y pudieron continuar su vida hasta entonces dentro de unas limitaciones, a los que por desgracia no tienen más remedio que esperar el sonido de su último té en peores condiciones físicas y psicológicas pero aún así quisieron servir de ejemplo para que nadie más pasase por lo que ellos habían pasado. A todos ellos por luchar y sobreponerse a un olvido tan injusto como real.

Mis máximas gracias a todos ellos por enseñarme una lección más de la vida y a la plataforma “DALES VOZ A LAS VÍCTIMAS”, así como a ASAVIM, a través de su presidente Aziz Haidar, al que durante seis meses pude ver batallar a diario en los campamentos en sus visitas a AFAPREDESA porque no hubiese ni un solo afectado más por esta lacra, por confiar en mí y poder aportar mi granito de arena para que el olvido sobre el pueblo saharaui, y en especial sobre este colectivo sea cada día más conocido.

© Pepe Oropesa

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: