Dales Voz a Las Víctimas

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UM-ELFADLI MULEY AHMED, INOCENCIA PERDIDA A GOLPE DE EXPLOSIÓN

MAYO 2013  IMG_1249Las mujeres saharauis están hechas de una pasta especial, diferente a cualquier otra. Haciendo honor a la verdad, al escribir sobre ellas sólo se puede alabar su coraje, su valentía, su capacidad de sacrificio, su voluntad, su generosidad… Poco tienen que ver con la imagen extendida y estereotipada de la mujer árabe y musulmana. Ya sea en el desierto argelino como refugiadas saharauis obligadas al exilio por la ocupación marroquí del Sáhara Occidental o siendo víctimas de sistemáticas violaciones de sus derechos humanos (los de sus familias y los del resto del pueblo saharaui) en los territorios ocupados, ellas demuestran diariamente que la virtud que desata la rabia y la desazón en el mandamás marroquí es precisamente la oposición mantenida ante el atropello cometido sobre su tierra, a través de una resistencia pacífica que denota una infinita paciencia.

Pero si éstas ya de por sí son cualidades excepcionales comunes en la mujer saharaui que tiene que aguantar lo inaguantable, imaginad por un instante que vivís en el desierto, en lo más profundo y lejano del desierto, y que arrastráis, además de lo que ya de por sí arrastra desde hace 38 años el pueblo saharaui, el trauma psicológico y las consecuencias físicas de ser víctima de la explosión de una bomba de racimo. El esfuerzo requerido es ingente. Por eso me sorprende tanto Um-elfadli Mulay Ahmed, porque a ella no se le ponen barreras delante que le impidan enfrentar los retos diarios de la vida, pese a que aquella maldita bomba le robó su mano derecha y un dedo de la izquierda siendo demasiado joven. Su fortaleza es ejemplar. En el campamento de refugiados saharauis de Smara, Um-elfadli  nos regala su sonrisa cómplice, que nos  transporta a sus recuerdos más entrañables, a los que le aportan algo positivo y le alejan de lo negativo. Como debe ser. Como nos gusta que sea, la verdad.  Es sincera, denota cierta timidez en sus gestos y en su risa nerviosa, pero a la vez la honestidad de su mirada indica que hay mucho mar de fondo en su vida y que nos invita a mantener con ella una cordial charla alrededor de un té para compartir algunos recuerdos con nosotros.

KIN_0982mayo 2013Um-elfadli Mulay Ahmed  fue víctima de un artefacto desconocido cuando tan sólo tenía 11 años. Los expertos aseguran que, por el tipo de lesiones que le produjo la explosión, lo más probable es que fuera una bomba de racimo, si bien el caos provocado por la detonación y las graves amputaciones que sufrió la que entonces era una niña, no dieron oportunidad a que alguien pensara siquiera en recoger los restos explosionados para identificarlos. Ella jugaba con otras niñas muy cerca de su jaima, en las cercanías de la ciudad de Gelta ocupada, que dista de los campamentos de refugiados saharauis unos 600 km. Como siempre ocurre, algo que estaba en el suelo le llamó la atención y la inocencia de la infancia hizo el resto. Tocó, movió, levantó e inspeccionó aquel extraño objeto sin pensar siquiera que guardaba un cobarde secreto explosivo en su interior… Hasta que le explotó en las manos, llevándose consigo en la detonación no sólo una de ellas y parte de la otra, sino también aquella inocencia infantil revestida de alegría, que pasó a convertirse en un río de lágrimas ensangrentadas que señalan culpable al asesino marroquí. La pequeña fue evacuada hasta Tinduf, en un infernal e interminable viaje que duró cuatro días de camino, con un sufrimiento y unos dolores inimaginables que apenas podía soportar cuando recobraba el sentido, asegura haciendo al tiempo un gesto a su Dios para que termine cuanto antes el relato del suceso que marcó para siempre su vida.

Como cantaba Antonio Flores, la carne viva cicatrizó, pero la herida sigue debajo… Aunque no lo parece a la vista de su destreza al realizar las tareas domésticas, su herida está ahí, sin duda. Porque le duele el alma al hablar de ellos y más aún cuando recuerda lo que le costó superarlo, pues quedó sin fuerzas. La sangre perdida, sumado a que las condiciones de alimentación en los campamentos de refugiados saharauis no favorecen precisamente la producción de hierro en la sangre, hicieron que la debilidad física se apoderase de su cuerpo durante demasiado tiempo. Dentro de todo, ella tuvo suerte. No en vano las víctimas saharauis fallecidas por causa de la explosión de bombas de racimo marroquíes sucumben al desangrarse esperando el ansiado rescate en el desierto. 

No temo recordarlo, ni contarlo una y mil veces –asegura la joven Um-elfadli-, lo que realmente temo es que vuelva a suceder esta tragedia a otra niña saharaui, a cualquier saharaui. A sus 11 años nunca había oído hablar de las minas, ni de sus peligros. Por eso ahora ella misma quiere ser voz de las víctimas, quiere que el testimonio de su historia sirva para que no se repita, para que se conciencie la población saharaui de que el desierto guarda secretos que te llevan de la mano a la tragedia, a la muerte. Um-eldaldi lucha a diario por seguir adelante, por hacer de su vida un camino más fácil, más llevadero. Aplaudimos su entrega, su motivación y su entrega para conseguirlo como lo ha conseguido.

© Elisa Pavón / ©Fotografías: Joaquin Tornero

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