Dales Voz a Las Víctimas

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DAHA BULAHI, HUMANIDAD COMPARTIDA

MAYO 2013  DAHAIMG_1150Quizá es por su sencillez, quizá por su humildad… ¡Quién sabe! Lo que sé es que Daha Bulahi es una persona excepcional, en todos los órdenes. Es víctima de una mina antipersona marroquí, una de esas que forma ya parte del paisaje del desierto saharaui por exigencias de un guion que se firmó ilegalmente hace 38 años en Madrid, a través de unos Acuerdos Tripartitos pactados y rubricados con el aliento de un pueblo, el saharaui, que ya no busca respuestas sino soluciones. Daha recuerda hoy cómo a los 17 años luchaba en primera línea orgulloso de pertenecer al Frente Polisario y de defender con su propia vida los derechos de su pueblo.

No era, como ahora, experto en minas cuando se firmó el Alto el Fuego, en 1991. Aquél año y el siguiente fueron trágicos en cuanto a víctimas de minas terrestres se refiere entre la población civil saharaui. También entre los militares, ya no pendientes de la guerra, sino de limpiar el desierto de los restos de una contienda de 16 años, que dejó sembrada de peligros la arena de la tierra libre saharaui. En aquella época vivimos grandes tragedias, comenta Daha Bulahi. Un grupo de jóvenes voluntarios que teníamos algunos conocimientos básicos sobre minas terrestres trabajamos en labores de desminado del territorio liberado en una de las zonas más afectadas, la ciudad de Tifariti. Eran 21 jóvenes inexpertos, insuficientes a todas luces en número y en preparación para el enorme trabajo por hacer, con medios más que precarios para tamaña responsabilidad y que no disponían del material básico adecuado para tener un mínimo de seguridad en un trabajo que exige minuciosidad, concentración, paciencia y mucha pero mucha precisión.

Después  de 23 días de trabajo -continúa Daha– es  cuando yo choque con una mina antipersona. Al verla supe que estaba en mal estado, defectuosa, porque salía un líquido por parte la del detonador. Ni un segundo de respiro le dio aquel artefacto, que se accionó dejando a Daha sin conocimiento.  Recuerdo que cuando la tenía en la mano viendo que estaba defectuosa, pensé lanzarla al aire por la espalda, porque tenía enfrente a dos compañeros. Por lo visto, no me dio tiempo para deshacerme de ella… Aquel maldito engendro de fabricación humana se llevó por delante los cinco dedos de la mano derecha y el ojo derecho de Daha, pero como si ello fuera un impulso y no un hándicap, él es ahora el responsable de Atención a las Víctimas en la asociación ASAVIM, después de haber dedicado muchos años al cuidado de los pacientes ingresados en el Centro Mártir Chaid Chreiff, el único centro asistencial para víctimas de guerra y de minas terrestres que existe en los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf, Argelia.

Su ejemplo es más que un ejemplo. Juega con un arte especial con sus gafas, mientras cautiva con una sonrisa ingenua revestida de humanidad, porque este hombre (debería escribirlo con mayúsculas) es la pura imagen de lo que siempre he considerado buena gente. Ahora, Daha es la pieza central del puzzle que conforma un proyecto de envergadura, con el que se pretende sensibilizar a la población saharaui sobre los riesgos, los peligros y las consecuencias del Muro Marroquí en el Sáhara Occidental, sus traicioneras minas terrestres y  demás artefactos explosivos que inundan el territorio saharaui en la zona liberada y en la ocupada, así como dar visibilidad a la realidad de las víctimas en los campamentos. Si disminuimos el número de accidentes, si contribuimos a crear conciencia del peligro, valdrá la pena cualquier esfuerzo. Una de tantas grandes frases de Daha… Ésta mientras viajábamos en la parte trasera del coche de protocolo que nos llevaba camino del campamento de Auserd.  Y es que tengo grabados en la memoria momentos de órdago con este hombre. Cada frase, cada palabra que dice, su compañía, sus explicaciones y su inmenso sentido del humor hacen que uno comprenda que la vida realmente vale la pena si te pone en el camino la suerte de conocerle. Siempre pensando en los demás, siempre dándose por entero sin esperar nada a cambio. Agradecido a la vida hasta decir basta, su responsabilidad con las víctimas va más allá de un compromiso personal, es casi un contrato moral firmado consigo mismo, en favor de una lucha que no termina en la exigencia de la autodeterminación de su pueblo, sino en la creación de un Estado libre donde las víctimas tengan una mejor calidad de vida y mayores opciones de reinserción socio-laboral, alejados de las barreras impuestas por el exilio en el desierto argelino, que les dificulta aún más todo. 

Disminuir el número de accidentes. Este reto convertido en desafío común al que se enfrenta en ese proyecto, le ilusiona, porque en él que la implicación voluntaria y solidaria de la juventud saharaui de los campamentos de refugiados es su principal activo. Daha tendrá que formarles.  Yo aprendí todo del Polisario –cuenta Daha-. Era un joven inmaduro y me enseñaron todo lo que no se aprende en la escuela… Nuestros mayores son la mejor universidad. Es que él llega a ellos con suma facilidad, le gusta su implicación y sueña con que sus experiencias y conocimientos sobre las minas terrestres les sirvan de lecciones de vida, porque eso serán si las interiorizan, lecciones que les pueden salvar la vida.

HPIM4193Me preocupan las minas terrestres y toda su circunstancia, dice. Me interesa que sepan por qué está ahí ese muro, por qué los marroquíes tienen tanto interés en mantenerlo como desconocido. Me concentro en que entiendan que les explico todo lo que sé y de la mejor forma que puedo en un intento de ayudarles, porque sé bien lo que es vivir la explosión de una mina terrestre, he visto los daños y las tragedias que ocasionan, sé lo que duele por dentro y por fuera. Trato de que aprendan a identificar las señales y a aprender a no asumir riesgos innecesarios… Ha reformado en su cabeza su accidente y lo ha convertido en experiencia ejemplarizante para los demás, para enseñarles a protegerse de esos enemigos fantasmas que se ocultan cobardes a la espera de un error humano. Eso le hace aún más grande. Todo se andará, Daha,  inchallah.

Sirva esta denuncia para dejar constancia de lo que no debe seguir pasando en el Sáhara Occidental, por el muro y las minas sembradas por Marruecos desde el inicio de su ocupación.

© Elisa Pavón

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